• José Musse

Una carta de amor para un bombero


Una noche llegué a mi unidad, cargando mi uniforme y botas. Rara vez me cambiaba de ropa, iba vistiendo el uniforme. Inmediatamente crucé la puerta, un bombero me alcanzó con una carta diciéndome que una señorita la había dejado para mí. Entregándome la misma con una sonrisa picaresca. Lo que me decía que la señorita debía ser atractiva.


No hacía mucho había terminado una relación sentimental o para ser más exacto, me habían terminado. El sexo puede ser como una droga a la que nos acostumbramos, que cuando nos falta, igual que cualquier adicción entramos en shock del cual nuestros cuerpo debe acostumbrarse. Entonces, no eran mis días más felices y esa carta lucía prometedora. Pero el nombre de la remitente no era familiar o al menos no era el remitente que me hubiera gustado tener en esa carta.


Creo que una carta de amor es uno de los regalos más lindos que un romance puede producir. Aunque la mayoría de mujeres con quien me relacioné en mi vida de soltero, me dijeron ser románticas, las cartas de amor y poesías las terminé escribiendo yo. Escribí tantas que en algún momento las recopilé y publiqué en un libro de poesías.


Una carta de amor significa mucho para mi. Algunas que he recibido ⎯⎯no son muchas⎯⎯ las he memorizado en mi alma. Son como una fotografía, describen un momento en la vida de dos personas. Es lo que nos hemos convertido para la otra persona. Cuando la relación acaba son un ancla que no facilita movernos. Tiene ese doble filo.


Recuerdo una dama llorosa, golpeándome el pecho, diciéndome que me odiaba, que no quería volver a saber de mí, que quería sacarme de su vida, que me detestaba, pero ahí estaban esas cartas que le había escrito.


También he llorado en silencio, en mi cuarto a chiaroscuro, escuchando melodías suaves. Leyendo esas cartas de amor con promesas incumplidas. Una carta de amor es un camaleón peligroso. Un día te da alegrías porque están llenas de esperanzas, ilusión que nos aseguran un futuro cálido y al otro día, se convierte en una bomba que te golpea con la tristeza de juramentos vacíos.


Al abrir la carta y empezar a leerla, comencé a sentir escalofríos. No tardé en reconocer a la remitente. Una carta llena de amor y admiración, una dama quería estar en mis brazos y besarme apasionadamente. El problema era simple. Ella tenía 15 años y yo 27.


No soy el hombre más honrado ni más honesto, solo he querido ser valiente. Aunque he mantenido algunos principios. No pagar por sexo, no mentir y hacer promesas falsas a mujeres para obtener sexo. Nunca he drogado o tomado ventaja de una mujer inconsciente.


Cuando tenía 27 años, estaba en una evolución y búsqueda por ser mejor persona o lo que en el mundo del dating es un hombre de alto valor. Tener sexo recreativo estaba en mi menu favorito de opciones y siempre que dos adultos consintieran, no veía ningun problema. Pero tomar ventaja de una niña ciertamente no lo era.


¿Cómo llego a pasar esto?


Cerca a la compañía de bomberos Antonio Alarco 60 del Callao, había una casa en construcción. Para salvaguardar la casa y evitar se robaran los materiales de construcción vivía una familia humilde que era pagada por estar ahí. Una mujer, un hombre y cuatro niños sucios, andrajosos.


Un día la mujer fue desesperada hasta la estación de bomberos. Corría del marido borracho que la amenazaba con golpearla. Salí inmediatamente y confronte al hombre, que se vio intimidado por mi resolución. Poco tiempo después se volvió a repetir el mismo caso, nuevamente salí y hablé con el hombre que se calmó.


Me enteré que no estaban casados y no eran sus hijos. Mi preocupación es que había una niña de 13 años, cerca a un hombre que solía emborracharse y podía estar a solas con esta niña que no era su hija. La Cia. de bomberos está al frente de un parque donde solía entrenarme por horas. Los niños salían a mi encuentro para jugar, escuchar historias de mi. A los niños les traía juguetes que mi hermano menor no usaba.


Tiempo después volvió a repetirse el mismo escenario. Esta vez cogí un hacha y fuí al encuentro del hombre. No recuerdo que le dije, ni como se lo dije. Lo cierto es que el hombre se fue y nunca más regresó a molestar a esa familia. Un buen día la familia desapareció, se movió a otra casa para cuidar.


Nunca lo comenté con nadie hasta hoy. Nadie supo de esta carta de amor. Solo mi madre lo supo en el momento que pasó. Quise advertirle no abrir la puerta de la casa ni dar información a esta joven señorita de mi paradero. Estaba abandonando el Cuerpo de Bomberos del Perú y mi casa estaba a dos calles. Cualquier bombero podría darle la dirección. No mucho después mi madre me dijo que la señorita fue a casa preguntando por mi.


No respondí a esa carta, no acepté encontrarme con ella. La mayoría de hombres que conozco hubiera saltado a la oportunidad de desflorar una virgen o tomar ventaja sexual de una chica sin experiencia que cree estar enamorada. En mi vida, como soltero tuve que decir no a la oportunidad de tener sexo varias veces, incluyendo a mujeres bastante atractivas. Especialmente cuando ya estaba en una relación de pareja. Ser fiel y leal es un regalo que le hacemos a nuestras parejas cada día, todos los días.


Como he dicho, siendo soltero y sin compromiso, no he tenido ningún reparo en sexo recreativo. Pero cuando el sexo se convierte en un compromiso de una relación o la dama de mi atención puede asumir que vamos a iniciar una relación sentimental, es otra cosa. Una vez, una bella dama me propuso tener sexo. Lo que yo veía es que mi relación con ella no tenía futuro, estaba dañado y esa era su forma de arreglarlo. No confiaba en ella ⎯⎯terminó besando a otro⎯⎯ nunca se disculpó y de tener sexo con ella, solo crearía falsas expectativas de un futuro que se habia esfumado hacía un tiempo, justamente cuando besó a otro hombre. La boté de mi casa.


El hombre en que me quería convertir no era uno que usa a las personas, menos a mujeres enamoradas.


Mi sueño como bombero en actividad fue traer a un bebe a este mundo o rescatar del infierno a un alma. Nada de eso pasó. Me consuelo diciendo que no hay muchos que puedan decir que un bombero tan feo como yo, consiguió una carta de amor de alguien que alguna vez rescato.


José Musse

New York




Foto: Suzy Hazelwood

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