• José Musse

La madurez del bombero


En la película Backdraft de 1991, el novato bombero Brian McCaffrey corre excitado con otros recién graduados por su primer incendio, mientros los bomberos veteranos lo rechazan mientras están ocupados haciendo el trabajo de extinción.


En la mayoría de casos que un bombero entra al servicio de incendios y rescate, es por la aventura, la adrenalina.


La masculinidad tiene esa característica. El varón es silencio, aislamiento. La mujer necesita de su red social, de sus amigas, su familia. Necesita conversar, compartir. El cerebro del varón es diferente. Necesita vivir en los límites, desafíos, vivir con la muerte a la espalda.


Los niños se retan entre ellos. Se desafían por ser el que salta de la mayor altura, del que se atreve a subir al árbol más alto, el que provocará al perro del vecino. Deportes extremos, de impacto. Necesita golpear, revolcarse, herirse. No llora, pero puede sumergirse en dolor. El que más soporta es el macho alfa. El que dirige por derecho a la manada.


Por años fui como el resto. No fui bombero tanto como cazador de fuegos. ⎯⎯La verdadera guardia del equipo rojo⎯⎯ era sentarse en un auto, equipo completo de protección, escanear la radio de emergencias y responder sin los límites de ser de tal o cual unidad. Así uno atendía más emergencias de las que se podría estando estático en la guardia de una unidad.


¿Cómo sabes que un bombero está en una fiesta? No te preocupes, él se encargará de decirle a todos. Ya los conocen. Camiseta que dice bombero, gorro que dice rescate, llavero que lleva el emblema de la unidad. Varios sufren el caso con mayor agudeza. Cargan radio, escáner y otros accesorios. Parece que si hay un incendio o rescate que realizar solo esa persona puede salvarlo y debe estar en permanente guardia, 24/7. De hecho, camina como si pudiera salvar a la humanidad entera.


Sí, yo también lo hice. Casaca negra inspirada en la película Top Gun, con cada parche de las unidades de bomberos que nos habían visitado y en la espalda un emblema reflectivo con el símbolo de paramédico, que terminé regalando a una mujer de quien me enamoré perdidamente. Si quieren saberlo. No, no valió la pena regalarla.


Pasan los años y las víctimas se vuelven visibles. Siempre estuvieron ahí pero mis ojos las ignoraron. Se hicieron invisibles por el cóctel de testosterona y adrenalina.


Repentinamente un día comenzó a dolerme observar la casa ardiendo mientras su dueño veía su pasado y presente en cenizas. Otro día me dolió ver una persona que veía su auto consumarse en llamaradas. Siempre duele una muerte, pero ahora me dolía más.


Supongo que es madurez, sensatez. La prevención se vuelve más importante. El bombero madura, y desde ahí se vuelve un bombero que por fin empieza a servir de corazón a su comunidad.


Lo triste es que algunos nunca maduran.


José Musse

New York



Foto: Tobias Rehbein


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