• José Musse

Jefes de bomberos peruanos


Una vez me preguntaron por las razones que me alejaba de la institución estatal de bomberos. A lo que respondí; Una de ellas es que hay jefes que no contrataría ni como empleados míos.


Cada persona fija sus propios estándares y límites de lo que es aceptable y no. En familia, en la vida romántica, en la vida profesional. En mi caso, necesito sentirme orgulloso de mis superiores. Que saben hacer su trabajo, que aprendo de ellos, que puedo confiar en su calidad e integridad. No diría que sea mucho pedir, pero sí que lo es. El mundo está lleno de personajes con agendas ocultas, incapaces de ir de frente. Abundan los hombres sin energía masculina. Con intenciones poco nobles que ocupan posiciones por triquiñuelas y favores. No es un problema peruano, ni sudamericano. Es un tema de humanidad.


Lo que sí es muy peruano y una parte de las más deprimentes del Cuerpo de Bomberos del Perú es la falta de líderes, un ejército de machos betas, gente para ordenar y no para comandar. ¿Qué diferencia hay entre los comandantes generales Olivos, Nicolini, Potestá, Córdoba, Lostanau, Lynch, Ponce La Jara y cualquiera otro nombrecillo omitido en los últimos 30 años? Todos son la misma mediocridad.


Uno no puede decir que con tal o cual jefe de bomberos la institución avanzó, mejoró. Que con tal comandante dio un salto cualitativo. Con uno se mejoraron los autobombas, con otro hubo mejores comunicaciones, con otro mejores uniformes. Nada de ello está exento de denuncias de enriquecimiento ilícito. Hablamos de que el servicio de emergencia debe ser mejor hoy que hace 30 años. La ambulancia se modernizó, el bombero se viste mejor pero sigue trabajando igual. Habrá eso sí, uno que otro bombero que ha mejorado, que busca progresar, que hace la diferencia, que ha invertido en saber y hacer su trabajo, pero calidad basada en personas y no en sistemas no es sostenible. Cuando se enferme, falte o se vaya, las carencias seguirán ahí. No hablamos de falta de gente con talento, hablamos de sistemas que promuevan y aprovechen el talento.


Es triste ver que 30 años han pasado en vano. Que no hay curva de aprendizaje. Jefes y liderazgo al que le ha faltado visión. Grandiosity para empujar y lograr un salto hacia una nueva era. Todos esos jefes calientan el asiento. Administran lo que hay pero no dejan mejor el servicio de emergencia. No hay propuestas, ni planes nacionales.


José Musse

New York City



Foto: Pixabay.

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