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Aptitudes Necesarias para el Can de Rescate en Catástrofes
David Rodríguez Carrasco
Publicado - Published: 23/08/2009

Estimados compañeros y lectores, quisiera comenzar el siguiente artículo, agradeciendo a la totalidad del equipo de Desastres.org, y concretamente al Sr. José Musse y al Sr. Carlos Clausewitz, la confianza puesta sobre mi persona, para la redacción de artículos relacionados con la disciplina de rescate canino en catástrofes.

Este primer escrito tras haberlo meditado profundamente, creo que debería ir orientado hacia algo tan fundamental, como la evaluación de las aptitudes necesarias, para el inicio de la formación del perro destinado a la disciplina de rescate en catástrofes. La valoración correcta de estos parámetros en los ejemplares, conlleva sin duda alguna, el 80% del éxito en la conclusión óptima del periodo formativo, de cualquier metodología que adiestre un can en esta especialidad. Si no poseemos una materia prima con la que desarrollar el proceso formativo, cualquier sistema de instrucción, resultará estéril, ante la imposibilidad de poder transmitir y ejecutar la nueva conducta de búsqueda, presentándose constantemente innumerables problemas en el adiestramiento de perros que no poseen el conjunto de todas las aptitudes, hasta que lleguemos a un punto que resulte inviable seguir avanzando en el entrenamiento. Para que se hagan una idea, de por sí, incluso la totalidad de los canes que poseen en grado excelente las aptitudes que enumeraremos a lo largo del contenido del texto, siempre presentan dificultades y problemas a la hora del aprendizaje, lo cual hace imprescindible una dosificación y atención individualizada, para ir adiestrando al animal con respecto a su singularidad; ninguno de ellos es igual, demandando una atención personalizada por parte del instructor, donde el mismo calculará y salvará los escollos que se presenten a lo largo de la formación, mediante la aplicación de técnicas que incidan en la conducta.

En la selección del ejemplar para el rescate canino en catástrofes, existen razas ideales tales como Labrador Retriever, Golden Retriever, Perro de Agua Español, Pastor Alemán, Pastor Belga, mas un larguísimo etcétera, resultando ideales según la experiencia de gran cantidad de profesionales, las razas de pastoreo. El can perteneciente a una raza determinada nos orienta sobre un posible perfil estándar, que no es una total garantía para que el mismo cumpla las cualidades mínimas que se les va a exigir. En la elección no es exacto hablar de razas sino de individuos dentro de las mismas, aclarando que un perro totalmente mestizo puede ser un excelente ejemplar de rescate en catástrofes; como ya hemos podido constatar en numerosos cursos. Debido a cuantiosos elementos, pero haciendo especial hincapié en algunos de los más trascendentales, tales como los factores genéticos, la experiencia previa del animal, el entorno en donde se ha desarrollado y en donde sigue interactuando con el medio que le rodea a lo largo de su vida, los cambios hormonales a los que se ve afectado, etc…, nos dejan comprender la enorme variabilidad que presentan estos animales aún perteneciendo a la misma raza; es por ello que resulta indispensable una evaluación individual de cada perro, para verificar si reúne o no las aptitudes, y en qué grado.

La selección de líneas genéticas, que hacen más probable unos determinados temperamentos en los ejemplares elegidos, dentro de determinadas razas, es una manera científica y estadística, de conseguir un gran número de descendientes que lleguen a reunir las aptitudes escogidas; pero tras lo expuesto anteriormente, tendremos que verificar en última instancia ya en la época de adulto, la correcta conducción del perro (durante el desarrollo de su carácter) y la potenciación de esas cualidades hasta el grado deseado. En este aspecto destacar que debemos evitar a toda costa, los problemas derivados de la consanguinidad (unión por parentesco natural, de varios individuos que descienden de una misma raíz o tronco), en donde la misma, potencia todos los factores genéticos y heredables, sean beneficiosos o nocivos para la actividad que pretendemos; pudiendo incluso hacer aparecer en algunos ejemplares, caracteres genéticos que se habían mostrado latentes en sus antecesores, y que de manera casi inexplicable surgen para sorpresa de sus criadores.

Con respecto a la morfología de los canes, no debemos dejar pasar un hecho fehaciente que conlleva controversia entre los diversos especialistas en esta materia. Los ejemplares considerados braquicéfalos, o de cabeza redondeada, debido a una caña nasal muy corta, como por ejemplo los Rottweiller, Bulldogs, Boxer, etc…, pueden ser considerados no aptos para la realización de este tipo de disciplina, ya que cualquier situación mínima de esfuerzo o temperaturas moderadamente altas, implican rápidamente el acto involuntario del jadeo, hecho totalmente incompatible con la acción voluntaria de inspirar, para la captación odorífera de las moléculas olorosas, desprendidas por las personas sepultadas con vida. La dificultad no estriba en el número de células olfativas que poseen los mencionados canes, sino en una deficiencia morfológica que merma la eficacia de estos ejemplares en determinadas circunstancias. En prácticas desarrolladas con este tipo de canes, en donde las condiciones les han sido proclives y favorables, han ejecutado la búsqueda sin dificultad, pero en cuanto las mismas han sido un poco adversas, se ha hecho patente la considerable merma en su grado de eficacia, ya fuera por la tardanza excesiva en la localización o por la imposibilidad de señalizar a la víctima simulada o figurante.

Existen otras razas, que de forma innata tienen muy arraigadas determinadas conductas cinegéticas, que se consideran características de la misma; siendo totalmente inútil su formación, ya que no podemos llegar a competir con el gran instinto de caza que llevan en sus genes.

A continuación procederemos a detallar las aptitudes que debería de poseer un ejemplar canino, para iniciar de manera inmediata su proceso de formación. Detallar que para asegurar un adiestramiento exitoso y óptimo, en cuanto a pocas dificultades en el aprendizaje, y por supuesto la llegada a la concatenación del afianzamiento de la conducta de búsqueda en el perro, las aptitudes que describimos a continuación, deben poseerse en grado extremo, asegurándonos con ello el 100% de la aptitud del can con el que vamos a trabajar, ya que inevitablemente tendremos durante el proceso de aprendizaje, innumerables descuentos en estas aptitudes, debido a estados perturbadores tales como estrés, frustración, inhibición, evitación, etc... Para esta evaluación, debemos estar prevenidos de no caer en el error de interpretar antropomórficamente, conductas del Canis Lupus Familiaris (nombre científico del perro doméstico), y asignarles emociones, aptitudes o características que no son propiamente de la citada especie. Esta actuación requiere previamente, de un gran esfuerzo cognoscitivo del comportamiento normal canino, y más concretamente del individuo en sí, de sus progenitores y antecesores en caso de ser posible, además del medio con el que ha interactuado desde cachorro, hasta la etapa de adulto en donde está a punto de comenzar su formación. Con toda esa información recopilada y los conocimientos que debemos ya de poseer, podremos proseguir al reconocimiento de las siguientes aptitudes.

Los canes para poder ser formados con cualquier metodología o sistema en esta disciplina, precisan de unas aptitudes totalmente indispensables como son, madurez síquica y física del can, no debiéndose observar características que indiquen un estado de inmadurez o acachorramiento, como por ejemplo trote destartalado. A modo de ejemplo comentar que en gran cantidad de ejemplares pertenecientes a la raza Golden Retriever, hemos podido constatar que la mayoría no ha madurado totalmente a la edad de un año, sino que han debido que transcurrir algunos meses más para llegar a su culmen. En la evaluación de esta aptitud deberemos diferenciar el grado total de madurez, de la neotenia, o retención de caracteres juveniles en la edad adulta, proceso que puede verse propiciado por una socialización incorrecta y que ha traído consigo, según algunos autores la domesticación de la especie. Resulta vital una buena madurez física ya que tendrá el perro que desplazarse por lugares accidentados, necesitando un buen desarrollo musculo-esquelético. Con respecto a la madurez síquica, resulta igual de importante, porque será la que nos sirva para afianzar el aprendizaje, lográndose la concentración en el trabajo deseado, y sirviendo de escudo protector frente a estímulos perturbadores como los que comentamos con anterioridad. La edad promedio para la madurez síquica y física, se encuentra en torno a un año, dependiendo siempre del individuo en sí, siendo este solo un valor estimativo, ya que hemos evaluado a ejemplares considerados maduros con menos y mayor edad; pudiendo observar que una correcta socialización ha desencadenado una madurez prematura.

Debe de poseer también un alto grado de sociabilidad tanto con sus congéneres, como por supuesto con seres humanos. Factor muy importante a valorar, ya que tendrá que tener una especial afinidad con el mismo, dado que se encargará de su detección cuando se encuentre sepultado. Resultará no apto aquel ejemplar que rehúye del humano desconocido, que le desencadena una respuesta de timidez, evitación, o conducta agresiva por miedo. Llevar una correcta socialización de un cachorro hasta la etapa de adulto, requiere de una gran cantidad de conocimientos sobre el perro doméstico, y de su especial trascendencia, no solo con sus congéneres y otras especies como la humana, sino con el mayor número posible de entornos diferentes, que estimularán en el can un profundo desarrollo a la hora de adaptarse a entornos nuevos, extrapolando esta circunstancia a la cantidad de posibles siniestros en los que pueda llegar a trabajar. Términos como adecuación de los estímulos según a la edad, y progresión en las dificultades o estimulaciones, son conceptos que debemos de tener absolutamente en mente, para no llegar a traumatizar al can, en momentos tan importantes.

Fluidez de ladrido ante personas totalmente extrañas que le inciten al juego (no por timidez, miedo o conducta de ataque; sino por las ansias de querer jugar). El perro totalmente suelto, sin traílla, deberá ladrar consecutivamente a una persona extraña, para demandarle el reforzador o motivador, y comenzar el juego mediante el instinto de cobro o presa. Esta característica es subsanable en caso de no poseerse, siempre y cuando el perro no sea mudo físicamente, distinguiéndolo de los casos de ladridos inhibidos por la acción humana. Es interesante este alto grado de fluidificación en el ladrido, y con personas extrañas, porque los figurantes irán cambiando progresivamente durante el proceso formativo, para fomentar la captación general del olor de la especie, y no de unos determinados individuos; además de la idoneidad de señalizar ladrando, frente al rascado con las garras, que puede conllevar el desprendimiento de trozos de escombros que caigan sobre el ejemplar, deterioro en las almohadillas plantares, o posible daños en las garras. Señalizar de manera pasiva, sentándose o tumbándose, puede ser contraproducente, porque si el guía en algún momento de la búsqueda, por ejemplo en un edificio afectado por un terremoto, deja de ver el desarrollo del trabajo, no podrá saber con exactitud si ha realizado o no una señalización, lo cual es totalmente diferente de un marcaje. Esta diferencia la comentaremos en próximos escritos tendentes a reseñar las intervenciones con canes de esta disciplina. El perro deberá ladrar de forma segura y seguida a cualquier persona extraña (encontrándose el can completamente suelto) que lo incite al juego de presa o cobro, demandado este por la propia impaciencia y excitabilidad por jugar.

Otra aptitud a tener muy en cuenta sería el instinto de presa o de cobro en grado muy alto, ya que será la motivación principal interna que emplearemos para la formación del ejemplar. En el instinto de presa el perro debe aferrar un objeto, sin soltarlo, respondiendo a la necesidad de saciar tal comportamiento innato, como si estuviese aniquilando a una posible presa a la que ha dado captura. En el caso del instinto de cobro, el ejemplar seguirá un objeto en movimiento, con tal de darle caza al mismo, respondiendo también a un tipo de conducta innata. Es ideal y preferible el instinto de presa frente al de cobro, para este tipo de disciplina, pero uno de los dos en grado extremo puede ser totalmente válido para la formación.

Los canes deben de poseer un nivel de actividad alto, siempre en todo momento, descartándose a los ejemplares flemáticos. Con un alto grado de seguridad, y no solo en los entornos habituales en donde se mueve y con las mismas personas que trata asiduamente, sino en entornos, estímulos e individuos totalmente novedosos para él. Demostrando igualmente un alto impulso exploratorio sobre todo en esos nuevos entornos, además de un gran impulso de búsqueda por localizar el reforzador o motivador, que por ejemplo se le ha lanzado dentro de un cúmulo de hierbas altas, en donde no pueda vislumbrar donde ha caído.

El ejemplar destinado al rescate canino en catástrofes, debe poseer “sangre de trabajo”, una aptitud innata que demuestra un perro al desarrollar una determinada tarea, frente determinadas dificultades, realizando la acción con el fin de conseguir un objetivo; el can que posee esta aptitud, se crece ante las adversidades gradualmente, llegando a conseguir su consecución gracias entre otras características a su perseverancia.

Deben ser descartados todos los ejemplares que de forma innata tengan una especial sensibilidad acentuada o hipersensibilidad (reacción desmesurada ante una carga estimular de baja intensidad), a una determinada circunstancia, ruido, entorno nuevo, etc...

Mediante el presente texto pretendemos que la disciplina de rescate canino en catástrofes, sea tomada y llevada a efecto desde un punto de vista totalmente científico, basándonos en hechos fehacientes y contrastables, que deben engarzar con los avances que se están produciendo en otras disciplinas y áreas, relacionadas con el trabajo canino. Todo ello debería conducirnos hacia una unión de criterios internacional, optimizando los recursos aplicables y necesarios para estos tipos de disciplinas basados en la detección con canes. Esta labor debe ser fruto de todos.


   
 
eres un cr
el fito lepero - 25/08/2009
buenas chaval esta echo un crack muy buen articulo mi mas sincera henorabuena un saludo uno de tus alumnos y espero que futuro maquina algun dia igual que tu un saludo.
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ARTICULO M
JOSE - 26/08/2009
ME GUSTO MUCHO EL ARTICULO POR SER MUY COMPLETO . UN SALUDO
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Esto es un
Giddel - 26/08/2009
Es admirable tu experiencia y dominio del tema, gracias por compartir esto con nosotros.
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Excelente
Jorge Berrios - 26/08/2009
Es excelente tu analisis cientifico sobre es un aporte esencial para la seleccion del can de rescate, continua asi.
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Muy bueno
franklin barrero - 27/08/2009
definitivamente es bueno saber que hay personas que hablan con tal propiedad y conocimiento de un tema..mis respetos y espero poder seguir apreciando tus articulos, este en particular muy preciso y aplicable no solo a diciplinas de rescate sino ademas a otras de olfato...
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buen desar
campos - 31/08/2009
a ver se incorporas el trabajo de desplazamiento con canes en altura, sigue...un saludo.
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Gracias po
lluvi - 01/09/2009
Siempe te admire como persona, compañero, amigo y profesional.
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Buen traba
Rafa Castro - 02/09/2009
Lo de buen trabajo no es sólo por el artículo, sino por todo lo que llevas a la espalda compañero.
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consulta
WALTER - 02/09/2009
muy bien redactado inpecable muy tecnico lo del comportamiento; ESTO Es un 90./. METODO AARCON + 10 ./. psicologia canina.?
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JAIME PARE
beatriz - 13/09/2009
SOS ALUMNO???? DE JAIME PAREJO.???
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EXELENTE A
FELIPE FAUNDEZ - 14/09/2009
articulo exelente muy bien redactado y concuerdo con lo dicho por walter esto es 90% metodo arcon y 10%psicologia canina, saludos
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