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Jose Musse

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Los 10 mandamientos que debe seguir todo comandante de incidencias según José Musse  
 
 
 
   
 
El Bombero que da Cátedra de Voluntariado
Leyla Ramírez
Publicado - Published: 20/05/2007

Alberto Regord es viudo, sacó adelante a sus tres hijos y enfrentó un cáncer. Pero nunca dejó de ser bombero. llama a la población a hacerse socio de Bomberos llamando al 800-360-132 o a través de www.ayudanosasalvarte.cl.

Desde niño soñó con ser bombero. Cuando podía se escapaba al cuartel de la Cuarta Compañía de Santiago para ver en acción a los voluntarios. Entonces tenía 13 años y contaba los días para cumplir los 18 y así ingresar a la institución. Pero los estudios y el trabajo llevaron a Alberto Regord por otros caminos. En uno de ellos conoció a quien sería su esposa y la madre de sus tres hijos. Con ella se casó, cuando apenas tenía 22 años, y construyó una familia. Junto a ella también logró -14 años después- su meta más preciada: ser voluntario de la misma compañía que visitaba de niño: la 4ª Compañía de Santiago Pompe France. “Siempre tuve la intención de servir a mis semejantes, de aliviar -un poco- el dolor de las personas que sufren por causa de incendios, emergencias o accidentes. Y para hacerlo había que trabajar. Por eso ingresé a Bomberos cuando tuve la convicción de que podía cumplir con todo lo que ello significaba. Nosotros somos profesionales de emergencias, hacemos diversos cursos para salir a la calle. Desde reanimar a una persona hasta saber cómo actuar en un desastre químico, que es mi especialidad, pues tengo el curso HazMat, de materiales peligrosos”, cuenta. Una experticia que le permitió ser parte del operativo que acudió al incendio de una industria química en San Bernardo, en 2005, y que generó gran alarma pública.

Todo marchaba sobre ruedas en su vida, hasta que en 1997 una noticia lo remeció. Su esposa sufría de un cáncer a las vías biliares que era irreversible. El diagnóstico: tres meses de vida. Alberto no se resignó. Buscó opciones y, vía cirugía, logró ampliar las expectativas de vida de su mujer. Sin embargo, y pese a sus esfuerzos, ella falleció en diciembre de ese mismo año, dejando tres hijos, de 8, 14 y 22 años. En todo ese proceso, Alejandro nunca pensó en renunciar a la institución. Ni por falta de tiempo ni de dinero. Al contrario, se acercó más que nunca a su “segunda familia”, como él la llama, la que retribuyó su fidelidad con afecto y ayuda. “Me ayudaron mucho cuando mi esposa estuvo enferma. Y cuando falleció, el primer tiempo, las esposas de algunos voluntarios venían a mi casa a levantar a mi hijo más chico, bañarlo, vestirlo y llevarlo al colegio. También una hermana me ayudó. Pero aprendí a sacar a mis hijos adelante. Me dediqué absolutamente a ellos”. Su esfuerzo rindió frutos. Hoy su hijo mayor se tituló de abogado, la hija del medio se graduó de publicista y el menor ingresó a estudiar Derecho.

Paralelamente, y cuando su radio lo llamaba a una emergencia, salía al rescate. Su compromiso con los demás seguía intacto. Pero la vida le tenía más sorpresas a Alberto. En 2005 le detectaron un cáncer en la garganta. Afortunadamente estaba encapsulado, lo que no lo libró de largas y costosas sesiones de quimio y radioterapia. Su hijos se derrumbaron, pensaron que perderían ahora a su padre, pero el empuje de este bombero pudo más que la enfermedad. Sin embargo, como secuela del cáncer se tuvo que enfrentar un serio dilema: ya no podía exponerse al fuego, porque era dañino para su salud y especialmente para la zona de su cuerpo irradiada.

Parecía ser el fin de su carrera de voluntario. Pero no todo estaba dicho. Se las rebuscó y ahora conduce una de las bombas de su compañía. Porque Alberto tiene corazón de voluntario y su compromiso con la ciudadanía es total. “ Estoy orgulloso de ser parte del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Ellos me han entregado muchas cosas”, dice. Por eso está comprometido a fondo con la nueva campaña que está emprendiendo la entidad para capturar nuevos socios, Ayúdanos a Salvarte. “Necesitamos un compromiso de la gente. Un aporte constante. Que la gente sepa que el cuello ortopédico o la camilla que usamos es posible gracias a su aporte. Así como nosotros sabemos que muchas veces somos la diferencia entre la vida y la muerte”.

lanacion.cl


   
 
gran valor
deni - 02/06/2007
me conmueve la historia de alberto, ya que yo soy esposa de un bombero y se de lo que son capaces por servir y ayudar a los que lo necesiten, su historia sin duda merece mi admiración porque pese a las adversidades que se le han presentado en su vida a podido sacar a su familia adelante y también ha seguido sirviendo a tan noble institución para el y para todos los bomberos mi admiración y respeto, cada día me siento más orgullosa de ser la esposa de un bombero.
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