Los hilos ocultos del terrorismo José Antonio Gurriarán Publicado - Published: 12/03/2004 Europa y todo el mundo civilizado se solidarizan con el luto de los españoles, en la hora trágica del triple atentado de Madrid, y sigue con interés inusitado las circunstancias que rodean el dantesco suceso: las escenas impresionantes de la recogida de cadáveres y heridos en el campo de dolor de la vía férrea, las declaraciones de estudiantes y trabajadores que fueron testigos del atentado más brutal y mortífero de la historia de España.
No hay más que pasear la mirada hoy por las televisiones y páginas de Internet del continente, leer su prensa y oir los comentarios de periodistas, políticos y especialistas en temas policiales y de terrorismo, para apercibirse de esta solidaridad activa, que incluye la preocupación de que las bombas colocadas en cuatro trenes de tres estaciones madrileñas puedan ser la cabeza de iceberg de una proyectada ola de atentados que todos alcance.
Un diario inglés ofrece en su primera página este expresivo titular: “Aviso: Los próximos seremos nosotros”; Francia, advertida de la colocación de bombas en su red ferroviaria, recuerda que hace días la policía detuvo a tres etarras que portaban quinientos kilos de explosivos con los pretendían atentar también en la capital de España; los comentaristas de la televisión portuguesa SIC se preguntan si la vecindad con España podría acarrearles el contagio del terrorismo y si fue ETA o Al Qaeda la que preparó la trampa mortal o si lo planearon juntas las dos organizaciones.
Después del espanto de las primeras notícias llegadas de España, con una cifra tan elevada de muertos y heridos, hoy los analistas centran sus investigaciones en este punto polémico de la autoría del atentado. Aún sabiendo que los datos incontrovertibles tardarán en llegar, gracias a la intervención policial o a la autoinculpación de los propios terroristas, unos y otros destacan contradiciones tan evidentes como que, esta vez, ETA no haya advertido de la colocación de los artefactos, como hizo en otras ocasiones,o la rotunda negativa de Arnoldo Otegui, diametralmente opuesta al del ministro del interior, que, en ningún momento, dudo en atribuir la tragedia a la banda terrorista vasca.
Está claro que entre el ministro y Otegi nos quedamos con la versión del responsable de Interior: por la credibilidad de la fuente y porque tiene en sus manos todos los datos que le ha suministrado la policía. Aún así quedan dudas, como el comunicado enviado a un diario egipcio por Al Qaeda, que reproducen con relieve prácticamente todos los medios de comunicación del mundo y algunos con interpretaciones tan aviesas como que si lo hizo el grupo radical islámico por la implicación de España en la guerra de Irak, no se contaría por razones electorales.
Habrá que esperar nuevas investigaciones para tener la evidencia de si la matanza corresponde a Al Qaeda o a ETA. O si la hicieron de acuerdo, como apuntaba el colega luso, partiendo de precendentes como la época en que la banda terrorista vasca tenía su campo de entrenamiento en Líbano, Argelia y otros países árabes. Los hilos del terrorismo se entrecruzan con frecuencia. Sea cual sea el resultado no disminuirá el daño que se hizo a seres inocentes y a la sociedad española toda. La unión de los demócratas, expresada en las primeras manifestaciones, evidencia que el terrorismo bestial no logró su objetivo último de desunir a los españoles y esto, en los momentos que vivimos, no es poco.
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