El saldo centroamericano del 2011

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Los desastres naturales, el incremento de la criminalidad, los escándalos por corrupción y los efectos de la crisis económica global dejaron un saldo negativo en el 2011 para la región centroamericana.

El área confirmó el riesgo que representa el cambio climático cuando temporales derivados de un sistema de bajas presiones dejaron en pocos días unos 130 muertos y casi dos millones de personas afectadas, informó la Unidad Panamericana de Respuesta a Desastres de la Cruz Roja Internacional.

Lluvias intensas llevaron a una inusual acumulación de agua que causó inundaciones y deslaves, colapsó carreteras y puentes, y anegó viviendas y plantaciones, obligando a declarar estados de emergencia y a demandar ayuda internacional.

El Salvador contabilizó 34 muertos, dos desaparecidos, 24 lesionados, 150 mil damnificados, más de 50 mil evacuados, 18 mil 455 casas anegadas, 257 escuelas dañadas y más de un millón de personas perjudicadas.

El presidente salvadoreño, Mauricio Funes, consideró la lucha contra la vulnerabilidad del país un asunto de vida o muerte.

La Coordinadora para Reducción de Desastres de Guatemala confirmó 38 fallecidos, cinco desaparecidos, 18 heridos, 78 mil 20 damnificados, afectaciones para más de 524 mil 480 personas y quedaron cuatro mil 768 viviendas en riesgo y 22 mil 685 dañadas, severamente 617 de ellas.

La Comisión Permanente de Contingencias de Honduras registró 18 muertos, 69 mil 119 damnificados, 11 mil 868 desplazados y casi nueve mil albergados, destrozos considerables en cultivos de maíz, ajonjolí, plátanos, yuca, arroz, caña de azúcar y café, y pérdidas millonarias en la producción camaronera.

Nicaragua reportó 13 fallecidos, 134 mil 500 damnificados y cuantiosas pérdidas materiales, en tanto Costa Rica informó de cinco muertos, dos desaparecidos, 12 mil afectados, casi un millar de albergados y daños en carreteras y los sectores ganadero, cafetalero, cañero, arrocero y tomatero.

En Panamá y Belice no hubo bajas humanas pero las autoridades atendieron a miles de desplazados por las crecidas.

Paralelamente, durante el año Centroamérica reflejó un alza en la criminalidad y exhibe la tasa regional de homicidios más elevada del mundo, ascendente a 33,3 por cada 100 mil habitantes.

Ningún país del área escapó a este flagelo, según un Estudio Global de Homicidios de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

En Costa Rica, promovido antes como uno de los países menos violentos, se registra una tasa de homicidios de 11,9 por cada 100 mil habitantes, mientras el otrora tranquilo Panamá sobrepasa el medio millar de asesinatos en el año.

El triángulo norte de Centroamérica (Honduras, Guatemala y El Salvador) es considerado una de las regiones más peligrosas del planeta debido al tráfico de drogas destinadas al mayor consumidor mundial, Estados Unidos.

Honduras se ha convertido en el país más violento con 82,1 homicidios por cada 100 mil personas, según el citado informe.

El gubernamental Comisionado Nacional de Derechos Humanos, Ramón Custodio, precisó que la tasa de asesinatos en el territorio supera casi 10 veces la registrada en el mundo, equivalente a 8,8 por cada 100 mil habitantes.

La cifra prevista para finales de este año (unos ocho mil) casi triplica la registrada en 2006, cuando se reconocieron tres mil 118 homicidios, para una tasa de 46 por cada 100 mil habitantes, evocó el sitio digital elheraldo.hn.

En ese escenario, dos estudiantes fueron asesinados por policías; el escándalo llevó a la detención de 176 uniformados corruptos y a la remoción de jefes como parte de una depuración del cuerpo de seguridad.

El Salvador ocupa el segundo lugar de mayor violencia en el mundo, con una tasa de 66 por cada 100 mil habitantes, en tanto Belice (41,7) y Guatemala (41,4), respectivamente, ocuparon el sexto y séptimo puesto, según la ONU.

A ello contribuyen el narcotráfico, la proliferación de pandillas o maras y la existencia de más de 600 mil armas sin control dispersas en una región donde regímenes militares libraron guerras genocidas en la década de 1980.

Aquellos episodios bélicos deterioraron progresivamente las condiciones de vida de la población y los gobiernos, aferrados a recetas neoliberales dictadas por el Fondo Monetario Internacional, dejaron de atender a los sectores más vulnerables, incrementándose progresivamente el nivel de pobreza.

En esa coyuntura incidió sobre Centroamérica la actual crisis económica global y disminuyó el comercio con Estados Unidos, que es su principal mercado, deprimiéndose más los recursos del área.

Hoy la región vive una situación límite en cuanto a violencia y ello espanta las inversiones e impacta de manera particular en sus economías y débil institucionalidad estatal, comentó el medio digital costarricense Informa-tico.

Pese a ese complejo marco, Centroamérica vivió dos procesos electorales en el año que termina.

En Nicaragua fue reelecto para un nuevo mandato el sandinista Daniel Ortega, quien por el éxito de sus políticas sociales mereció un 24 por ciento más de aceptación y ganó mayoría parlamentaria, con 56 diputados.

Ante la imposibilidad de deslegitimar el proceso, los opositores provocaron disturbios y dejaron cuatro muertos y 46 policías heridos, según cifras oficiales.

Paralelamente, en Guatemala hubo que celebrar segunda vuelta y retornó al poder el ex militar Otto Pérez Molina, del conservador Partido Patriota.

Según el Diario de Centro América, esa elección reflejó el anhelo de muchos de combatir la criminalidad, aunque recelen de su pasado castrense.

En materia de integración, la región obtuvo un gran avance al celebrar en El Salvador la cumbre del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y la Comunidad del Caribe (Caricom).

El encuentro definió la relación entre ambas regiones como de carácter estratégico, asentó más los nexos económicos y estableció las bases políticas para un acuerdo comercial entre ambos esquemas integracionistas.

Ambas partes manifestaron su solidaridad con Haití, devastado por un terremoto en enero de 2010, donde aún viven en tiendas de lona 580 mil personas y otras seis mil murieron este año por una epidemia de cólera.

Los dos bloques exigieron a la comunidad internacional cumplir sus promesas de financiar la reconstrucción de Haití y elaboraron un plan de acción conjunto para la gestión responsable de los recursos pesqueros del Caribe.

También apoyaron la idea del presidente dominicano, Leonel Fernández, de llevar ante la ONU una propuesta para frenar la especulación en los precios del petróleo y los alimentos en los mercados financieros internacionales.

Además, acordaron promover el intercambio de experiencias y la cooperación técnica entre fuerzas policiales para avanzar en el combate a la violencia, la inseguridad y el narcotráfico.

Asimismo decidieron colocar las iniciativas ambientales como puntos fundamentales para las dos áreas, pues el cambio climático genera peligros comunes.

Caricom lo componen Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, Montserrat, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Surinam, y Trinidad y Tobago; mientras el SICA está integrado por Honduras, Nicaragua, Panamá, El Salvador, Belice, Guatemala y Costa Rica.

*Jefe de la Redacción Centroamérica y Caribe de Prensa Latina.

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