Sin embargo, los ciudadanos de Oslo despertaron ayer en una ciudad muy distinta. Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los soldados fuertemente armados sustituyeron a los habituales policÃas sin pistola patrullando las calles de una conmocionada ciudad.
«Es absurdo. No puedo creerlo. Noruega es el lugar más seguro y pacÃfico en el mundo, ¿o lo era?», se lamentaba Beate Karlsen, una mujer de 39 años, ante un puesto de la PolicÃa, tratando de echar un vistazo a las oficinas destrozadas del Gobierno. «Quizás Noruega ya no sea tan inocente y segura como pensábamos», añadÃa con pesar. Para evitar caer en la tentación del miedo, el primer ministro noruego, el laborista Jens Stoltenberg, defiende que «nuestra marca de fábrica es una sociedad abierta, es una sociedad segura donde se puede participar en el debate polÃtico. Esto está bajo ataque hoy y debemos reaccionar para que no sea asû.
Un paÃs salido del yugo nazi
Noruega, que logró su independencia de Suecia en 1905, comenzó a edificar un nuevo paÃs tras liberarse del yugo nazi en 1945. El paÃs empezó a poner las bases de un fuerte Estado de Bienestar que garantizó a sus ciudadanos una Educación y una Sanidad públicas de alta calidad.
El «boom» petrolero de finales de los sesenta contribuyó al progreso de un paÃs en el que el mayor problema polÃtico es decidir si se gasta o no el millonario fondo soberano que la nación ha acumulado gracias a los beneficios obtenidos de la extracción del crudo y el gas de sus costas (40.000 millones de dólares).
Esta expansión económica aumentó la demanda de mano de obra que el paÃs sació con la llegada de inmigrantes. De repente, en un espacio muy corto de tiempo, la homogénea población noruega empezó a recibir a extranjeros de los cinco continentes atraÃdos por su prosperidad. En apenas quince años, de 1995 a 2011, los inmigrantes han pasado del 4,3% al 9,5% de la población.
Entre esos inmigrantes, se encuentran 80.000 musulmanes, cuya integración, como en otros paÃses europeos, se ha convertido en un reto de primer orden para las autoridades. Pero en una sociedad abierta como la noruega, el crecimiento de la población musulmana no es bien visto por algunos sectores ultranacionalistas, que consideran que el islam amenaza la pervivencia de la cultura tradicional del paÃs escandinavo.
Antiguo militante del Partido del Progreso Precisamente, el autor del doble atentado, Anders Behring Breivik, es un declarado islamófobo que en el pasado militó en el populista Partido del Progreso, el segundo más votado en las últimas elecciones, con el 22,9 por ciento de votos.
La lÃder del Partido del Progreso, Siv Jensen, no se ha cansado de avivar el miedo hacia los inmigrantes. «Somos el Gobierno más generoso con la inmigración y eso genera muchos problemas. Lo vemos en la tasa de criminalidad y en la falta de control de las solicitudes de asilo», denunció en la última campaña electoral. Jensen, objeto de las crÃticas del resto de partidos polÃticos, va más allá y denuncia la «islamización de Noruega».
Con todo, el hecho de que la extrema derecha esté detrás del ataque terrorista contra el Gobierno de centro izquierda no deja de sorprender a las autoridades. En febrero pasado, los Servicios Secretos descartaron en un informe que estos movimientos supongan una amenaza grave.
Anticipándose a los acontecimientos, el autor de la trilogÃa «Millennium», el sueco Stieg Larsson, ya alertó en sus artÃculos en la revista «Expo» del auge de la ultraderecha en Escandinavia. Antes de morir, Larsson advirtió de que estos movimientos representan la mayor amenaza para la democracia de los paÃses nórdicos.