En la tarde del 4 de septiembre de 1987, poco antes de las 20.00 horas, un incendio se desencadenó en la tercera planta de esos almacenes populares, en un lugar situado a doscientos metros de la Puerta del Sol.
Juan Redondo era oficial de bomberos del Ayuntamiento de Madrid cuando, durante las labores de extinción del incendio y durante la madrugada siguiente, una parte de la estructura metálica se desplomó y atrapó a diez compañeros.
Redondo, que ascendió hasta jefe del Cuerpo y actualmente es responsable de proyectos e inspección, ha relatado a Efe que el dÃa 4 paseaba con su mujer y se acercó a ver las labores de extinción, y como les aseguraron que "sólo faltaba apagar restos" se marcharon, pero de madrugada le llamaron para incorporarse porque "habÃa ocurrido una catástrofe".
"Faltaban diez bomberos y los compañeros estuvimos trabajando tres dÃas en el rescate, en peligro porque el edificio no estaba estable, hasta que sacamos los diez cuerpos. La gente buscaba el milagro, que una viga les hubiera salvado, pero no hubo milagros, sino la cruda realidad", recuerda.
Los bomberos quedaron sepultados bajo una estructura metálica que se desplomó cuando inspeccionaban el edificio, lo que según Redondo hoy "serÃa imposible" porque precisamente ese suceso hizo que se cambiase la normativa contra incendios en los inmuebles vigente entonces, de 1976.
Aquel suceso sumió a los bomberos de Madrid "en una desesperanza terrible, ya que constatas realmente que el trabajo tiene mucho peligro", algo que, en su opinión, es lo que puede hacer que hoy, veinticinco años después, "sà pueda ocurrir" una tragedia similar, a pesar de que haya más y mejores medios, y normativas más exigentes.
"Los bomberos tendrán accidentes toda la vida, por su trabajo, por las circunstancias y porque se trabaja con el factor humano. Pero esa forma de proceder da sentido a nuestro trabajo y nos gusta", añade.
Cree que los bomberos de Madrid tienen ahora suficiente plantilla, aunque -matiza- "no todo son los medios, sino también las actitudes".
A raÃz del incendio de Almacenes Arias se crearon tres parques y la plantilla pasó de 900 bomberos a más de 1.400.
Redondo es crÃtico con la organización actual, "que no funciona y es manifiestamente mejorable, como también los bomberos son manifiestamente mejorables, y los jefes también lo son".
Delmiro Guntiñas trabajaba como bombero en la centralita del cuerpo en 1987 y en el momento del desplome no estaba trabajando pero se incorporó a la mañana siguiente y comprobó que muchos compañeros se sumaban al rescate voluntariamente, "aún existiendo peligro".
Guntiñas, que se jubiló en 2007, saca la misma conclusión que su compañero: "Puede volver a pasar. Son cosas inevitables. El bombero entra y no piensa que se va a quedar dentro", por su vocación.
Rememora que en septiembre de 1987 los trajes eran de algodón y no ignÃfugos, los equipos de respiración eran menos efectivos que los de ahora y el rescate de los cuerpos se hizo "a mano".
Guntiñas considera que los bomberos de Madrid están preparados para enfrentarse a grandes catástrofes, como se demostró el 11 de marzo de 2004, y aunque en ocasiones se quejen de falta de plantilla, "cuando hay una cosa gorda, se vuelcan".
Los Almacenes Arias se levantaron a mediados de los años 60 en un solar sobre el que estuvo otro edificio de la misma empresa que también habÃa ardido.
Ahora en su lugar hay un cine y los madrileños que pasan por esa céntrica calle pueden ver una placa que recuerda y sirve de homenaje a los diez bomberos fallecidos.
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ARQ. RAMON DELON
JEFE DE BOMBEROS METROPOLITANOS DE VERACRUZ MEXICO
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