Poeta y defensor de los derechos humanos ayuda a los refugiados reasentados en los Estados Unidos
Lunes 15 de Octubre de 2012 01:59
Fidel Nshombo escapó de Kivu Sur en 1999, cuando todavía era un niño. Ahora ayuda a los refugiados...
WASHINGTON, D.C., Estados Unidos, 10 de octubre (ACNUR) – El ex refugiado congoleño Fidel Nshombo escapó de la provincia de Kivu Sur en la República Democrática del Congo cuando la guerra civil llegó a Bukavu, su pueblo natal, en 1999. Separado de su familia y siendo solo un adolescente, Nshombo pasó los siguientes siete años deambulando por África, pasando tiempo en Zambia, Zimbabue, Botsuana y Sudáfrica antes de ser reasentado con ayuda de ACNUR en Boise, Idaho, en los Estados Unidos en 2006.
El año pasado este carismático joven de 27 años, autor de dos libros de poesía sobre refugiados y crímenes de guerra contra la mujer, se convirtió en uno de los 60 miembros fundadores del Congreso de los Refugiados, grupo que fue establecido el año pasado para ayudar a los refugiados a defender sus derechos por ellos mismos.
Nshombo fue nominado por sus compañeros miembros del Congreso a representar a los estados del noroeste como miembro de un Concejo Consultivo integrado por siete refugiados y ex refugiados, que se reunieron por primera vez recientemente. Siendo un defensor de los derechos humanos durante gran parte de su vida, Nshombo está comprometido a ayudar a hacer una diferencia en la vida de los refugiados.
Pero está preocupado por la situación en el este de la República Democrática del Congo, donde los combates en la provincia de Kivu Norte, junto a una violencia y abusos generalizados, han forzado a más de 450.000 personas a huir de sus hogares desde abril de este año.
Unos 60.000 de ellos han buscado seguridad en las vecinas Ruanda y Uganda, donde los padres y varios hermanos de Nshombo viven ahora. Nshombo, que se convirtió en ciudadano de los Estados Unidos el año pasado, recientemente discutió su vida y trabajo con Trevor Alford, pasante de ACNUR. A continuación extractos de esta entrevista:
Cuéntanos acerca de tu vida en la República Democrática del Congo
En mi familia solíamos hacer muchas actividades juntos. Somos Católicos e íbamos a la iglesia todos los días. Como nosotros, los niños, íbamos a la escuela, teníamos que ir a la misa que se celebraba temprano en la mañana. Después de la escuela, antes de ir a la cama, rezábamos juntos. Yo tenía ocho hermanos, era una familia grande. Todo iba bien en esa época.
¿Qué fue lo que cambió?
En 1994 el genocidio en Ruanda afectó mi pueblo natal [en la provincia de Kivu Sur en la República Democrática del Congo]. Dos años después del comienzo del genocidio mi familia tuvo que huir porque la guerra se desató en mi país [llevando esto a la incursión de Ruanda en el este del Congo en 1996, el derrocamiento del presidente Mobutu Sese Seko en 1997, el reinicio del conflicto en 1998 y un frágil acuerdo de paz en 2003]. En 1998 nos separamos para siempre. Un día, cuando volvía a casa de la escuela, las balas volaban por todas partes y ya no había nadie allí.
¿Qué pasó luego?
No había tiempo para pensar. Yo no tomé la decisión de irme, fui forzado a ello. Durante un año viví en las calles de Bukavu. No tenía donde quedarme, y no sabía dónde estaban mis padres. Entonces la guerra estalló nuevamente y tuve que huir. Escapé con otros cuatro chicos de la calle [Nshombo y sus jóvenes compañeros consiguieron llegar hasta Zimbabue, viajando en bote, a pie y pidiendo aventones a través de Zambia]. Finalmente, nos separamos en el bosque en algún lugar de Zimbabue.
Fue un gran cambio para mí. Yo había tenido una vida bastante normal en mi hogar [el padre de Nshombo manejaba dos estudios fotográficos en Bukavu, la capital de Kivu Sur] y repentinamente me encontraba en un país cuyo lenguaje no conocía y donde no tenía ningún apoyo. No había nadie que me proporcionara alimento o vestido. Yo era joven, de modo que eso fue un shock para mí. Me pasé todo el primer año llorando todo el tiempo. Mis condiciones de vida era muy pobres en comparación a lo que estaba acostumbrado.
Como adolescente, me encontré representando a un grupo de 73 refugiados, porque en ese momento yo ya podía escribir y leer en inglés. Entonces, fui enviado a la cárcel con todas las personas a las que estaba representando. Después de casi un año escapé con dos mujeres y logré llegar hasta Botsuana, donde me encontré en un nuevo campo de refugiados [a fines de 2001].
¿Cómo terminaste en Boise, Idaho?
Pasé varios años tratando de encontrar un lugar donde pudiera estar seguro y sentirme cómodo. Regresé a Zimbabue y fui arrestado de nuevo. No quería decirle a la policía mi identidad. Posteriormente, la ONU logró mi liberación y comenzó a hacer las gestiones ante las autoridades de Zimbabue para obtener mis documentos. Finalmente, ACNUR me sacó del país.
¿Qué retos enfrentaste en los Estados Unidos? ¿Fue difícil?
Desafortunadamente llegué a una parte de los Estados Unidos donde hay poca diversidad racial y me encontraba como el único hombre negro en los alrededores. De modo que todos me miraban y hacían preguntas, y no sabía si ellos se reirían o aprenderían de mí. Cuando empecé a trabajar como guardia de seguridad tuve problemas porque había gente que no quería trabajar conmigo. Pero estos son los mismos problemas que afectan a todos los países en los que he estado, de modo que tuve que luchar de la misma manera.
Cuéntanos acerca del Congreso de los Refugiados y por qué decidiste unirte a él.
Durante los últimos cinco años he estado defendiendo los derechos de los refugiados [en los Estados Unidos] y esto no era algo distinto. Cuando tú eres un defensor apasionado, la gente te busca por ayuda. Para mí, el Congreso de los Refugiados fue un llamado a despertar. Yo había hecho activismo por los refugiados a nivel local, pero después del Congreso de los Refugiados me encontraba trabajando a nivel nacional, que es donde quiero estar. Quiero trabajar con las personas que toman las decisiones que afectan la vida de los refugiados. Espero que esto permanezca como parte de ACNUR y sea replicado en otros países.
Hoy me gano la vida principalmente a través de mis escritos y presentaciones públicas, pero también hago algo de trabajo como intérprete y auditor nocturno…Mis libros son totalmente acerca de los refugiados. Voy por el tercer libro y he hecho un par de documentales, todo ello es para ayudar a la gente a entender.
¿Qué piensas cuando lees acerca de la situación en el este del Congo?
Las condiciones son terribles y parece que a nadie le importa lo que sucede allí. Grupos armados a lo largo de la RDC [República Democrática del Congo] están entrando en los poblados, matando personas y violando mujeres. Pero no es una guerra de grandes dimensiones en la que todo el país esté en llamas. Estos pequeños grupos solo salen de la selva y atacan. Es terrible, necesitamos crear mayor conciencia sobre esto. Si el país recibe más atención internacional, las noticias sobre la situación pueden llegar a las personas que pueden luchar contra este problema o encontrar una manera de arreglarlo. Pero el problema es que la RDC ha estado en un segundo plano a nivel internacional.
¿Lograste reunirte con tu familia alguna vez?
En el 2008 mis amigos del Comité Internacional de la Cruz Roja encontraron a mi hermano y hermana menores en Uganda, y empecé a hablar por teléfono con ellos. Un año después, ellos rastrearon a mis padres y a otros cuatro hermanos. Ellos estaban en Ruanda y les envié un dinero para ayudarlos a mudarse a Uganda. Desde entonces hemos localizado a dos hermanos más y ahora solo un miembro de mi familia se encuentra aún desaparecido. Hace dos años viajé a Uganda para un reencuentro familiar. Estoy buscando alguna manera de traerlos conmigo.
¿Volverías al Congo?
Retornaría si tuviera la oportunidad de ir y ayudar a mejorar la situación allí, pero como americano, no como congoleño.
Gracias al voluntario de UNV Online Gerardo Arce Arce por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto