60 mil desplazados internos esperan un mañana mejor en Kivu Norte
Viernes 12 de Octubre de 2012 14:59
ACNUR lanzó un nuevo llamamiento de financiación para proporcionar alojamiento de emergencia para...
KANYARUCHINYA, República Democrática del Congo, 8 de octubre (ACNUR) – A Josephine, una viuda congoleña, aún le cuesta creer que tanto ella como sus siete hijos hayan conseguido sobrevivir a los enfrentamientos en la provincia de Kivu Norte, que han obligado a cientos de miles de personas a abandonar sus hogares desde el mes de abril.
Pero al mismo tiempo que agradece a Dios que salvara sus vidas, se siente como si estuviera viviendo en una especie de purgatorio en el extenso y precario asentamiento de desplazados internos que ha surgido de manera espontánea desde el mes de julio en la ciudad de Kanyaruchinya, a unos diez kilómetros al norte de Goma, capital de la provincia.
“Ya no vivimos, nos limitamos a intentar sobrevivir mientras esperamos que llegue un mañana mejor”, declaró Josephine al personal de ACNUR en Kanyaruchinya, que tiene ahora una población de unas 60.000 personas que carecen de alojamiento adecuado, de comida, de agua y de otras ayudas básicas, pero que son reacias a trasladarse a campamentos de desplazados internos ya establecidos. La mayoría de los desplazados internos vive en refugios improvisados a ambos lados de la calle que atraviesa la ciudad, mientras que otros acuden de noche a dormir a la escuela.
Se trata del mayor de los numerosos asentamientos espontáneos creados por civiles que huyen de las escaramuzas que se vienen produciendo desde abril entre tropas gubernamentales y el grupo rebelde M23, así como de la violencia generalizada y los abusos contra los derechos humanos, que han dejado 390.000 desplazados internos en la zona oriental de la República Democrática del Congo, incluyendo 220.000 en Kivu Norte. Unos 60.000 han huido a Rwanda y Uganda.
ACNUR, las autoridades locales y otras partes implicadas han animado a los nuevos residentes de Kanyaruchinya a trasladarse a campamentos de desplazados internos en otras zonas relativamente más seguras, como Mugunga III, a 20 kilómetros al oeste, donde las familias reciben alimentos y asistencia regular y tiene acceso a servicios básicos mientras esperan volver a casa.
Etien Lazare, jefe de la Oficina de ACNUR en Goma, dijo: “Nos preocupa la viabilidad del asentamiento por su proximidad a los enfrentamientos y, entre otras razones, por la dificultad de proporcionar agua potable suficiente”. Pero a pesar de los problemas, ACNUR y sus asociados están buscando formas de asistir a los desplazados internos en Kanyaruchinya, y recientemente han organizado una misión para evaluar las necesidades del asentamiento.
La mayoría de desplazados internos de Kanyaruchinya son reacios a trasladarse porque dicen que ahora están más cerca de sus hogares. Muchos de ellos se han desplazado varias veces hasta casi convertirse en una forma de vida; solo esperan el momento en que puedan regresar, a ser posible desde un lugar cercano.
Josephine y su familia, por ejemplo, proceden de la ciudad de Kibumba, 30 kilómetros al norte de Goma, en territorio Rutshuru, donde se han producido numerosos enfrentamientos desde el mes de abril y donde al personal de ACNUR le sigue resultando difícil llegar a los asentamientos de desplazados internos. Pero está deseando regresar, rememorando una vida más feliz en su humilde hogar, pese al trauma de la huída.
En julio, los soldados del M23 hicieron retroceder a las tropas gubernamentales en Rutshuru y avanzaron hacia Goma, capturando Kibumba en el camino, de donde se retiraron más tarde. “Tuvimos que huir para salvar la vida”, dijo Josephine. Sacudiendo la cabeza, añadió: “Había combates por todas partes y estábamos todos dispersos”.
Pero aunque Josephine y sus hijos se encuentran ahora relativamente a salvo, necesitan desesperadamente recibir asistencia. Por esa razón, para hacer frente a las necesidades previstas hasta finales de año, ACNUR hizo el mes pasado un llamamiento para recaudar 7,4 millones USD adicionales para las operaciones de esta emergencia, con los que ayudar a 400.000 desplazados internos en la zona oriental.
“Llegamos a Kanyaruchinya hace un mes y medio y estamos sufriendo mucho. No tenemos agua suficiente y pasamos hambre”, comentó Josephine. Mostró al personal de ACNUR el alojamiento improvisado en el que vive con sus hijos, hacinados bajo una estructura de madera cubierta de láminas de plástico. “Dormimos todos juntos [en un espacio de dos metros cuadrados]. Por las noches hace mucho frío pero no nos queda más remedio que dormir en el suelo. Es muy difícil”, añadió Josephine con la voz rota.
El llamamiento de financiación lanzado por ACNUR incluye alojamiento de emergencia para 40.000 familias en Kivu Norte y en la provincia de Orientale, al norte, así como objetos domésticos básicos para 15.000 hogares.
A comienzos de año Josephine era feliz y se sentía afortunada por todo lo que tenía. “En casa cultivábamos verduras, legumbres, patatas y boniatos, y comíamos cuando teníamos hambre. Pero aquí solo comemos estas galletas [energéticas, distribuidas por el Programa Mundial de Alimentos] y estamos hacinados en este espacio diminuto”, se lamentó.
Sin embargo, en vez de deambular de un sitio para otro esperando que llegue ayuda, la laboriosa viuda y madre está tratando de hacer algo para alimentar a su familia. “Tenemos que sobrevivir de algún modo”, dice, mientras nos reveló: “Realizo tareas domésticas para algunos locales y recojo leña que después vendo”.
Viviane, de 56 años, también huyó a Kanyaruchinya desde su hogar en la cercana Kibumba, y se niega a trasladarse a Mugunga porque, como ella misma explicó, “aquí no estoy demasiado lejos de mi hogar”. Junto con sus tres hijos, ha estado durmiendo en la escuela primaria de Kanyaruchinya, abandonando las aulas durante el día para que los niños locales puedan asistir a clase. No se trata de una solución idónea.
Josephine y Viviane comparten el sueño de volver a casa, pero mientras persistan la inseguridad y la violencia seguirán necesitando ayuda. Por ello, el apoyo internacional sigue siendo crucial mientras se busca una solución política.
Por Simplice Kpandji en Kanyaruchinya, República Democrática del CongoGracias al voluntario de UNV Online Jaime Guitart Vilches por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto